1897 - 2019

122º Aniversario - Trayectoria y excelencia al servicio de la profesión.

De sus 17 hectáreas habilitaron cuatro, que estas vacaciones de invierno serán visitadas por miles de personas. En el sector restringido aún hay 273 ejemplares encerrados.

El cuerpo es vertical. La cabeza aparece a la altura de los árboles. Está la cara amarilla, las manchas marrones y la cresta que recorre el cuello. A 100 metros se ve completo. Mil kilos de animal exótico dentro de una arquitectura musulmana pero en Plaza Italia. Puede ser Buddy o Ciro, alguna de las dos jirafas que quedan en el Ecoparque, el ex zoológico porteño.

"Papá, ¡ahí está!", grita una nena que no llega a los seis años. Tiene el cuerpo pegado a un paredón de cartón y observa a la jirafa desde lejos, a través de un agujero. No es el único, hay varios a distintas alturas, para chicos y grandes. Todos tienen escrito: "Asomate y mirá".

El paredón también funciona como límite entre la zona de acceso al público y la restringida. Si bien el Ecoparque reabrió, lo hizo sólo en cuatro hectáreas de las 17 totales. A uno de esos sectores lo habilitaron en diciembre y es el que da a la entrada central, sobre las Heras. Al otro lo abrieron en marzo. A las hectáreas restantes las irán habilitando en forma gradual.

Es domingo al mediodía, en vísperas de las vacaciones de invierno, y el Ecoparque está lleno. En la porción de Avenida del Libertador, las familias están reunidas en ese muro con agujeros que invita a espiar y al que el Gobierno porteño bautizó "mirador de jirafas". En tiempos en los que nadie, o muy pocos, reconoce querer ver animales en cautiverio, es uno de los puntos del ex zoo que agrupa más gente. ¿Una escena del pasado en el presente? Puede ser. Porque, en simultáneo, en la réplica del Arco de Tito -la clásica puerta sobre Las Heras-, también hay otra escena repetida.

Como hace tres años, antes de la reconversión del zoológico, o como hace seis, cuando se reunieron por primera vez, militantes de la organización Sin Zoo reparten volantes y denuncian que la prioridad es el vaciamiento y no el cuidado animal. Lo sintetizan con una bandera que dice "¿Ecoparque o Ecofraude?".

El anuncio del cierre del zoológico porteño y del fin de su concesión privada se hizo el 27 de junio de 2016. El jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, y el por entonces ministro de Modernización Andy Freire se pararon junto al recinto de las jirafas y los avestruces, y dieron la noticia ante las cámaras de televisión. "No da para más. Los animales no pueden seguir en cautiverio. Estamos en uno de los lugares de más circulación de tránsito, un ruido bárbaro, polución, entre edificios", dijo Rodríguez Larreta.

El Jefe de Gobierno habló de proceso, de transformación y de garantizar a futuro un vínculo con los animales a través de la tecnología, sin obligarlos a estar presentes. Desde ese día pasaron tres años y este domingo el Ecoparque lleva siete meses de reapertura.

Todavía no hay tecnología, ni folletos explicativos para llevarse a casa. Sí hay carteles que informan sobre los ejemplares de árboles y sobre los edificios históricos. Y otros que dicen que el pasto no se corta para conservar insectos y plantas nativas. También hay una mesa con huesos de animales autóctonos y dos guías que explican que lo que parece un caparazón perteneció a una tortuga de lago. Dicen que es una especie autóctona y que en el Ecoparque la tortuga está pero no se ve porque se entierra para pasar el invierno.

A lo lejos, lo que sí se ve es una elefanta. Gris hormigón. La piel, puro pliegue. Está justo enfrente a la mesa donde se acumulan huesos. Una porción de pasto, primero, una baranda y una laguna, después, separan a los visitantes del animal. "Sonreí, hijo", "Quedate ahí con tu hermana, miren a cámara", insisten padres que ubican a sus hijos sobre el pasto, aunque está prohibido pisarlo, y les sacan fotos con el celular y la elefanta de fondo. Como si fuesen las vacaciones de invierno de 1998, cuando en la Ciudad no había paseo más clásico que ir al zoo porteño, muchas familias quieren esa imagen. Para ellas, la elefanta sigue siendo escenografía.

"¿Qué es un Ecoparque?", pregunta un adolescente a sus amigos. Son tres y acaban de entrar por el acceso de Las Heras. Por ahí, entre las 10 y las 17, en especial durante los fines de semana, circulan decenas de personas. "No tengo idea, pero era el zoológico", dice otro. Alrededor están los paredones que en este sector también marcan frontera. Sobre ellos hay dibujos de animales. Los pavos reales caminan al borde del lago Darwin -antes contaminado y ahora limpio- y entre la gente. Hay maras, flamencos, patos y los dos pavos que con su cola -azul, negra, verde, tornasolada- barren el suelo.

En 15 minutos los tres adolescentes recorrieron el Ecoparque. No hay nada más para hacer y se sientan a mirar sus celulares. Otros almuerzan o toman café en un Croque Madame, el primer espacio privatizado del ex zoo porteño. La cadena de cafés, que ya tiene sucursales en el Museo Nacional de Arte Decorativo y el Museo Larreta, paga un canon mensual de $ 51.300.

Según el pliego, accedió a una superficie de 76 metros cuadrados -distribuidos en tres plantas-, que se suman a los 171 metros cuadrados de exterior. El canon representa poco más de $ 208 por metro cuadrado. Es la mitad que el promedio de alquiler de locales comerciales para zona norte, según la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad.

Al espacio se lo conoce como Casita Bagley. Ahí, en las primeras décadas del Jardín Zoológico, la empresa vendía golosinas, juguetes y cajas de galletitas con ilustraciones de animales. Desde ese momento adoptó el nombre. El Gobierno porteño lo restauró en forma completa. Lo mismo está haciendo con otros cinco edificios que también serán concesionados a privados. Las obras en las estructuras convivirán con el público y con los animales hasta 2021.

Hoy las funcionalidades del Ecoparque se parecen a las de un espacio verde más de la Ciudad. Aunque del lado de Las Heras todo el ambiente recrea el ecosistema de las Pampas y el delta del Paraná. El de Libertador se asemeja todavía más a una plaza, con juegos y calesita. Pero atrás de los paredones que dividen lo público de lo privado, 273 animales siguen encerrados. Desde la estatización, se trasladaron 750 pero aún quedan 650. ​Pero la mayoría no están en jaulas, sino en semi libertad. Como los monitos de las islas o los patos, maras, pavos reales y flamencos que pasean por el predio.

"Estoy en una disyuntiva", dice Graciela Trigo, de 58 años y de Barracas. Minutos antes, paseaba con su esposo por Palermo y decidió visitar el ex zoo para ver de qué se trataba. "Por un lado, era lindo ver a los animales. Yo traía a mis hijos a pasear acá y también venía de chica. Pero, por otro lado, siento que los animales no deben estar en cautiverio".

A metros de ella, Gino Feresín y Néstor, entrerrianos de 32 y 35 años, no encuentran una relación entre lo que pensaron y lo que ven. "Leímos Ecoparque y creímos que ya no había animales", dice Néstor. "No es sano. Tienen derecho a vivir en libertad, ser respetados y no ser objeto del entretenimiento de los humanos", suma Gino y mientras habla en los distintos sectores se sigue juntando público para mirar a las jirafas, al elefante y a los monos. "Si queremos verlos tendremos que hacerlo por Discovery o viajaremos", se ríe y encara hacia la salida.

La mayoría de los visitantes son turistas, locales e internacionales. Los que viven en Capital y Gran Buenos Aires son pocos y están en familia. Paola Piwarczuk es de Villa Ballester. Vino con su pareja y el hijo de ambos, de tres años. "No termino de entender. ¿Es un parque, es un zoológico, qué va a pasar con los animales?", consulta. Ella, como los adolescentes, tampoco puede decodificar qué es un Ecoparque, al menos en esta primera etapa.

"Es un híbrido hasta en su nombre", dice Claudio Bertonatti, un conservacionista de prestigio que dirigió el zoo e intentó impulsar su transformación, pero renunció en 2013 por falta de asignación de recursos. "Ecoparque se le llama a las plantas de reciclado o tratamiento de residuos. Es un nombre infeliz para un zoológico y muestra que las autoridades que así decidieron llamarlo no sabían qué es un zoo; creían saberlo, pero esto no es una cuestión de fe, sino de ciencia".

El nombre de Bertonatti está en expedientes judiciales: el año pasado, luego de las muertes de la jirafa Shaki y la rinoceronte Ruth, hizo una denuncia ante la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (Ufema) de la Fiscalía de la Ciudad, donde pidió la intervención en el manejo de los animales y en el proceso de reconversión del viejo zoo.

"Hice la denuncia inmediatamente después de la muerte de la jirafa, porque quise que la autopsia tuviese un veedor externo para evitar que la necropsia fuese dibujada", dice. Su denuncia, además, generó dos allanamientos, con policías revisando el habitáculo de las elefantas y, en forma específica, la pata trasera izquierda de Mara, donde vieron una infección.

Todos los días, en una zona que está fuera de la vista del público, Mara es estimulada por sus cuidadores a apoyar la planta de su pata en una palangana con medicación. La infección ya está curada, pero el procedimiento se mantiene. En ese mismo recinto de barrotes gruesos como un tronco, escupe sola. Para eso fue entrenada. Sus 2,5 metros de alto y casi 4 de ancho se contraen y vibran por unos segundos, al expulsar una flema de la que se extrae una muestra. Es uno de los requerimientos para su traslado a un santuario en Mato Grosso, en Brasil.

Desde el Ecoparque dicen que hicieron todo lo necesario para que la elefanta pueda ser derivada este año y que la fecha depende ahora de las autoridades brasileñas, que deben dar los permisos. Si estos se concretan, Mara saldrá por el portón de República de la India al 300 para empezar un viaje por ruta de 72 horas. Si eso ocurre, será una bestia asiática de más de cinco toneladas dejando un predio rodeado de edificios, autos, colectivos y personas. Personas, algunas, que todavía se acercan a "espiar" a un elefante o una jirafa en su recinto. Y otras que por esa misma circunstancia se juntan en la puerta del ex zoo a protestar.

Fuente: María Belén Etchenique - Diario Clarín

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LA SIAL CHINA COMENZÓ CON DEMANDA MUY SOSTENIDA Y BUENOS PRECIOS

El primer día de la Sial China dejó en claro por qué es una de las ferias más importantes para los exportadores argentinos, con buenos precios y una demanda que crece año tras año. El Ministro de Agroindustria de la Nación visitó el stand del IPCVA y se reunió con los empresarios para informar sobre la apertura del mercado japonés para la Patagonia.

Ya no se trata sólo de garrón y brazuelo, los cortes más demandados por los importadores chinos. La Sial Shanghái 2018 que comenzó hoy dejó en claro que tanto los exportadores argentinos como los compradores de China van por más en una relación que crece año tras año en forma vertiginosa.
De hecho, cuando a media mañana llegó al stand el Ministro de Agroindustria de la Nación, Luis Miguel Etchevehere, las 27 empresas que acompañan al Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) ya trabajaban a destajo en medio de una multitud de importadores orientales que inundaban los pasillos.
Mario Ravettino, Vicepresidente del IPCVA, recibió a Etchevehere (acompañado por una comitiva público-privada), y al embajador argentino en China, Diego Guelar, y les explicó el funcionamiento del Pabellón Argentine Beef, con boxes individuales para empresas, un salón de reuniones, dos front desk, y un restaurante de treinta mesas en el que en el primer día se sirvieron más de 100 kilos de bife ancho a la parrilla.

Nuevas demandas, buenos precios

“Es una feria que ya está al mismo nivel que la Sial de París o Anuga”, dijo Ravettino que, a la vez, destacó que los compradores chinos se van sofisticando y comienzan a demandar otros productos y cortes de alto valor.
De hecho, algunos empresarios comentaban en los pasillos que ya venden cortes finos a precios similares a los de la cuota Hilton, aunque aún en pequeñas cantidades.
“A eso estamos apostando desde el Instituto”, agregó Raettino. “Y ya estamos trabajando fuertemente para que nuestra carne comience a ser reconocida también en Oriente como una de las mejores del mundo”.
En cuanto a los precios de la primera jornada, se registraron operaciones que rondaron los 5.300 dólares para el garrón y el brazuelo, 5.200 para algunos cortes de la rueda, 4.300 para el asado, 4.400 para la vaca compensada en cortes, y 3.900 a 4.000 para la vaca en manta (todo congelado y sin hueso).

Buenas noticias

“Venimos con buenas noticias desde Japón”, aseguró por Etchevehere, quien informó personalmente a los empresarios sobre a apertura de la Patagonia como paso previo y necesario a la apertura del resto del país. Además, el Ministro felicitó a los exportadores y aseguró que el gobierno va a seguir trabajando para el crecimiento de la cadena a través de la apertura de nuevos mercados, la consolidación de los existentes y la desburocratización del Estado.
Además, el Ministro y los empresarios mantuvieron reuniones con empresas locales de logística y referentes del gigante informático Alí Babá.
Durante la primera jornada de la muestra, el stand del IPCVA también recibió la visita del Comisario de Agricultura de la Unión Europea, Phil Hogan.

Lo que viene

El jueves 17 de mayo, en el Pabellón del Argentine Beef se presentarán los resultados preliminares del estudio de mercado que encargó el IPCVA a la empresa local Agribusiness (en China y Hong Kong) y los lineamientos de algunas acciones de marketing para los próximos meses. Además, el influencer KOL Fanfan, con millones de seguidores en redes sociales, cocinará platos típicos de la gastronomía china con carne argentina (Bifengtang beef y Hangjiao Beef).
En resumen, la primera jornada de la Sial 2018 concluyó con mucho optimismo por parte de los exportadores quienes ante la demanda ya comienzan a pensar en la participación en la nueva mega feria que va a organizar en noviembre de este año el gobierno chino (Shanghái Impo-Export) con más de 50.000 metros cuadrados de pabellones.

FUENTE: IPCVA